martes, 5 de abril de 2011

Nunca lo que brilla es oro.


Las polillas estamos siempre en peligro, nos salvamos de un gato juguetón y de pronto nos llama el brillo de las luces,
los destellos de lo que brilla, queremos conseguir ese calor que se siente a lo lejos
Entonces nos acercamos revoloteando nuestras alas, excitadas por la luz ,
guiadas por la luminosidad de aquello que pareciera ser tan hermoso y extraño ,
nos acercamos más y más, cada vez con más seguridad de que será algo hermoso ,
pero al llegar todo es distinto. la luz sigue ahí pero es demasiado cálida y en nuestros intentos por conseguirla nos vamos cegando con el brillo.
nuestras alas golpean algo que pareciera ser el cuerpo de este maravilloso tesoro…(las polillas también escuchamos alguna vez, que todo lo que brilla no es “oro”,pero nunca seguimos el consejo).
Y al caer mientras nuestras alas se tornan cada vez más débiles, la luz aún sigue ahí, y comprendemos que es imposible alcanzar lo que brilla con tal fuerza, lo que es tan hermoso y cálido, es también peligroso y mortal… la luz se va apagando mientras ya no hay movimiento de las alas, nuestras antenas ya no perciben olor alguno y el último fue olor a polilla asada.
Nunca lo que brilla es oro.

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