
El largo de sus dedos quiebra su risa ,el color de su pelo sonroja sus pechos aun inmaduros, como fruta veraniega acida y dulce.
Siente su presencia en el fulgor de la noche, recorre sus pliegues con los recuerdos de aquellos encuentros fortuitos.
Lo piensa en secreto en las noches lánguidas y muertas en que sus extremidades gritan el placer de la carne.
Él lo sabe, siente como su mirada se posa sobre sus hombros desnudando delicadamente cada parte de su cuerpo, siente como un aire tibio recorre su espina dorsal dejando entre abierta la puerta a los deseos, a los colores desbordantes al burbujeo peligroso que llama a su sexo quiere tenerla y fusionar la realidad con la locura en una momento cálido justo ahí donde las olas golpean la roca y estallan en cientos de gotas saladas.

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